domingo, 10 de mayo de 2009

Descatalogados (I)

Jorge Aloy




Trampa 22
Joseph Heller
Plaza y Janes, 1961
Traducción Francisco Elias
541 Páginas
Detengámonos un momento y preguntemos a quien tengamos cerca ¿cómo se fabrica el olvido?
Trampa 22, editada en 1961, vendió 20 millones de ejemplares (desparramados en América) y hoy es un título desconocido.
Criticada por algunos y reivindicada con un cita tomada por Umberto Eco en El péndulo de Foucault, Trampa 22 plantea una idea circular insólita: para conseguir la baja militar en la guerra basta con presentar una nota declarándose loco, pero existe una norma —precisamente la número 22— que dice que sólo un cuerdo puede suponerse loco, ya que un loco no reconoce su situación y jamás presentaría tal nota. Por añadidura se sabe que quien cumpla con misiones de vuelo no puede estar en sus cabales para realizarlas. La lógica es apabullante y paradojal: solamente un cuerdo querrá escapar de la guerra, y por ende solamente un loco podrá combatir.
En un diálogo con el doctor Daneeka, Yossarian —el protagonista— le suplica la baja y encuentra una respuesta displicente:

—Te estoy pidiendo que me salves la vida.
—No es mi oficio salvar vidas —replicó el doctor Daneeka, malhumorado.
— ¿Cuál es tu oficio?
—No sé cuál puede ser. Todo lo que me dijeron fue a propósito de la ética profesional y que no hablara mal de los colegas. (…).

Una novela antibélica, trágica y cubierta de humor negro que inscribió su impronta a una generación. En 1970 Mike Nichols la transformó en película, donde trabajaron entre otros Anthony Perkins y Orson Welles.
En su momento decir “trampa 22” (“Catch 22”, en inglés) se hizo tan popular que el Oxford English Dictionary lo incluyó a partir de su edición de 1993, como aquella circunstancia en la que alguien se encuentra afectado por una norma que ofrece distintas opciones y termina perjudicado sin importar cuál haya elegido.
¿Ya hubo respuesta? ¿Cómo se fabrica el olvido?

Incipit VIII (Cuentos)

Presentamos una nueva selección de comienzos de cuentos. Ojalá te quedes con ganas de seguir.



Nunca llegaré a saber del todo si el Vikingo intentaba contarme lo que realmente sucedió esa madrugada en el club Atenas, o se quería sacar de encima la culpa o estaba loco. La historia de cualquier modo era confusa, deshilvanada: pedazos de su vida, el desconsolado saludo de guerra de los escandinavos y un estropeado recorte de El Gráfico, envuelto en trapos, con la finísima y luminosa cara del Vikingo mirando la cámara de frente.
(El laucha Benítez cantaba boleros. Ricardo Piglia)

La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.
-Oigan el viento -dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.
-Lo oigo -dijo éste moviendo implacablemente la reina-. Jaque.
(La pata de mono. W. W. Jacobs)

Compró un bote, lo calafateó y después lo pintó de verde.
—Es para entretenerme los fines de semana…—explicaba, apoyándose en el mostrador.
El dueño del bar asintió guiñando los ojos. No había nada que comentar, necesario, por lo menos. Pero un cliente exige charla.
— ¿Grande? —preguntó el dueño.
(El bote. Enrique Wernicke)

Que trueno extraordinario, pensé, parado junto a mi hogar, en medio de los montes Acroceraunianos, mientras los rayos dispersos retumbaban sobre mi cabeza, y se estrellaban entre los valles, cada uno de ellos seguido por irradiaciones zigzagueantes y ráfagas de cortante lluvia sesgada, que sonaban como descargas de puntas de venablos sobre mi bajo tejado. Supongo, me dije, que amortiguan y repelen el trueno, de modo que es mucho más espléndido estar aquí que en la llanura.
¡Atención! Hay alguien a la puerta.
(El vendedor de pararrayos. Herman Melville)

Annixter sintió por el hombrecillo un cariño de hermano. Le puso un brazo sobre sus hombros, un poco por cariño y otro poco para no caerse.
Había estado bebiendo concienzudamente desde las siete de la tarde anterior. Era casi medianoche, y las cosas estaban medio confusas. En el vestíbulo no cabía el estruendo de la caliente música; dos escalones más abajo, había muchas mesas, mucha gente, y mucho ruido.Annixter no tenía la menor idea de cómo se llamaba ese lugar, ni cuándo, ni cómo había ido. Desde las siete de la víspera había estado en tantos lugares…
(Punto muerto. Barry Perowne)

Agonizaba un alto funcionario. Era ya un hombre viejo, poderoso, y amaba profundamente la vida. Le daba una gran tristeza saber que iba a morir. No creía en Dios ni podía comprender por qué habría de marcharse de este mundo; estaba aterrorizado y daba pena verlo sumido en tal sufrimiento.
(La nada. Leónidas Andreiev)

Nunca conté esto antes, y ahora mismo no sabría explicar por qué. Creo que fue a fines de 1980, durante un vuelo entre la Ciudad de México y Nueva York. En el mismo avión viajaba Jorge Luis Borges, aunque él lo hacía en primera clase, por supuesto. En algún momento me atreví y le pedí a la comisario de a bordo que me permitiera sentar al lado de él durante unos minutos. Accedió con esa proverbial simpatía de las mexicanas, y hasta me convidó una copa de vino.
(El libro perdido de Jorge Luis Borges. Mempo Giardinelli)

viernes, 1 de mayo de 2009

Robert Walser: Jakob Von Gunten

Jorge Aloy






Siruela. Año 2007
Traducción Juan José del Solar
126 Páginas






Robert Walser (Suiza 1878-1956) comprendió y practicó el arte de la narración. Jakob Von Gunten es su primera novela (1909) y en ella, aparentemente, no pasa absolutamente nada, no hay acción en el sentido estricto del verbo. Pero la hay, es parsimoniosa y envolvente. Es un enjambre de detalles que describe una situación general a través de la percepción de Jakob, un joven estudiante del Instituto Benjamenta. El narrador, ubicado desde esta perspectiva, desarrolla en un diario personal su apreciación sobre el Instituto y los escasos alumnos y profesores, en oposición o analogía —de acuerdo a cada situación particular— con el mundo exterior.
El instituto Benjamenta sólo enseña disciplina y sumisión, prepara a sus muchachos para enfrentar el mundo laboral e integrarlos a la sociedad, y en consecuencia los ofrecen a la orden de algún amo. Uno de los lemas de la escuela es Poco, pero a fondo sobre el cual dirá Jacob, sin resentimientos: “Nos quieren formar y modelar, ya me doy cuenta, no atiborrarnos de conocimientos”.
Sobre la cabeza de los alumnos aletea perpetuamente el reglamento del Instituto, pieza fundamental ya no de la enseñanza sino del control absoluto de las vidas: “La ley que ordena, la coacción que obliga y las numerosas e inexorables reglas que nos prescriben la orientación y el gusto: eso es lo grande y no nosotros, los alumnos”.
Robert Walser prefiguró la literatura de Kafka. El cruce de ambas cosmovisiones no es azaroso. El agrimensor en El castillo cree que alguna vez puede llegar y acceder al castillo, a pesar de que el lector sospecha que es infructuoso y sin sentido intentarlo. En cambio, Jakob sabe desde un principio que está destinado a formar parte de un grupo que no hallará jamás salida por si mismo: “someterse es muchísimo más refinado que pensar. Quien piensa se subleva, y esto es siempre tan feo, tan nocivo… ¡Si los pensadores supieran cuántas cosas echan a perder!”.
El alumno Jakob Von Gunten forma parte de dos mundos, uno onírico y otro cotidiano. Walser consigue presentarlos en un discurso interior alejado de toda fuerza psicológica y moral, los expone como quien ofrece algo a la venta, como algo natural. De ese modo, lo cotidiano pierde su fuerza ordinaria y el sueño se confunde con la vigilia.
Jacob, al igual que todos los alumnos del Instituto Benjamenta, se deja llevar por el reglamento y la disciplina. Prefiere obedecer antes que cuestionar. El respeto está sustentado en el temor. “Cuando un alumno del Instituto Benjamenta, por ejemplo, no sabe que es juicioso, lo es. Y si en cambio lo sabe, perderá toda su gracia y buen juicio, y acabará cometiendo alguna falta”.
Jakob Von Gunten es un libro clásico, quizá oculto, pero clásico. Robert Walser fue la fuente de donde abrevaron significativos mundos ficcionales del siglo XX, de modo reconocido o no: Franz Kafka, Elías Canetti, Herman Hesse, Robert Musil. Walser se refugiaba en la Cámara de Escritura para Desocupados de Zúrich (el nombre no es ficticio) y sobrevivía escribiendo. Los últimos veinte años de su vida, por decisión propia y a raíz de una enfermedad congénita, se internó en el manicomio de Herisau. Periódicamente recibía la visita de su amigo Carl Seelig con quien daba paseos por los alrededores del hospital.
Su poder de observación y su capacidad como caminante signó el conjunto de su obra. Walser murió el día de navidad de 1956 en uno de sus paseos habituales: lo encontraron tapado por la nieve unos niños que pasaban por ahí.
Internado se negó a escribir y a que lo traten como escritor, a pesar de la insistencia de su amigo Carl Seelig. Llegó a confesarle que “no vine acá para escribir, vine acá para estar loco”.

lunes, 20 de abril de 2009

Internet y más preguntas...

Daniel Goñi


"Combatimos el poder y vivimos por él cada día...", rezaba parte del texto de un largo tema de la banda de rock sinfónico progresivo Yes (del album "Relayer", 1974), en la sofisticada suite "The gates of delirium" y parece aquella frase condensar el permanente dilema de la condición humana en relación con liberarse de las ataduras que ella misma genera.La llegada de internet produjo en el campo de las comunicaciones un cimbronazo a nivel planetario de una magnitud que -a mi parecer- aún no es del todo mensurable.Suerte de big bang comunicacional con incipiente germen en California y Utah, allá por 1969, irrumpe en los 90 masivamente y se erige hoy en requisito sine qua non a la hora de las comunicaciones a escala individual y masiva.Las caracteristicas conocidas y algunas otras en periodo de emersión vislumbran en la red curiosos signos (no por eso menos inquietantes) de captación y almacenamiento activo de datos personales de los usuarios bajo simpáticos formatos como facebook, hoy de gran aceptación en amplias franjas de la sociedad y en especial en la gente joven.Si reparamos en el lugar de origen de la web (¡Oh, aquella California libertaria de los 60, flower power mediante, donde podías acercarte al corazón del hippismo "whith flowers in your head...", como la canción!...) es el centro del imperio, donde reside el imponente "Silicon Valley" ("Valle del Silicio"), centro de producción de los componentes virtuales a escala humana (donde creo aún no se eliminó la plusvalía) y que EE.UU. ha exportado al mundo, entre otras cosas, guerras, inflación, recesión laboral en masa y criminales invasiones militares y sojuzgamiento de otras culturas, sólo nos cabe preguntarnos... ¿en nombre de qué motivación filantrópica la gratuidad del email enmascara la apropiación de información confidencial de los usuarios? Pero no me contesten ahora, vamos a una pausa...

Apéndice IX del Diccionario del diablo de Ambrose Bierce

Perro, s. Especie de Divinidad adicional o suplementaria, destinada a recibir el excedente del fervor religioso del mundo. Este Ser Divino, en algunas de sus encarnaciones más pequeñas y sedosas, ocupa en el corazón de la Mujer el lugar a que ningún hombre aspira. El Perro es una supervivencia, un anacronismo. No trabaja, ni hila, pero Salomón en toda su gloria jamás yació todo el día en una estera, engordando al sol, mientras su amo trabajaba para poder comprar un ocioso meneo de la cola salomónica y una mirada de tolerante reconocimiento

Perseverancia, s. Virtud interior que permite al mediocre alcanzar un éxito sin gloria.

Pesimismo, s. Filosofía impuesta al observador por el desalentador predominio del optimista, con su esperanza de espantapájaros y su abominable sonrisa.

Piano, s. Utensilio de salón para domar al visitante impenitente. Se hace funcionar deprimiendo las teclas y el espíritu de los oyentes.

Piel roja, s. Indio norteamericano cuya piel no es roja, al menos por afuera.

Pillo, s. Tonto considerado bajo otro aspecto. Hombre cuyas cualidades, preparadas para la exhibición como una caja de fresas en un mercado --las mejores arriba-- han sido abiertas del lado que no corresponde. Un caballero al revés.

Placer, s. La forma menos detestable del tedio.

Plaga, s. En la antigüedad, castigo colectivo infligido a los inocentes para iluminar a sus gobernantes, como en el caso muy conocido de Faraón el Inmune. Las plagas que nos azotan hoy no son felizmente otra cosa que la manifestación casual de una Naturaleza perversa, pero insensata.

Pleito, s. Máquina en la que se entra en forma de cerdo y se sale en forma de salchicha.

Plenipotenciario, adj. Provisto de plenos poderes. Un ministro plenipotenciario es un diplomático a quien se otorga absoluta autoridad con la condición de que nunca la ejerza.

Pleonasmo, s. Ejército de palabras que escolta a un sargento de pensamiento.

Poligamia, s. Capilla de expiación provista de varios reclinatorios penitenciales, a diferencia de la monogamia, que sólo tiene uno.

Política, s. Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado.

Político, s. Anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio. Comparado con el estadista, padece la desventaja de estar vivo.

viernes, 10 de abril de 2009

Internet y manipulación

Jorge Aloy

No hace mucho, Ricardo Piglia señaló que Internet se halla aún en una suerte de comunismo primitivo que dará paso, de un momento a otro, a una situación de pleno dominio por parte de los poderosos grupos económicos. A ello vamos.
Quizá pasemos a un período feudal y luego explote el Capitalismo virtual. Pero no creo, Internet es un símbolo de las etapas salteadas. En todo lo que imita se cuida mucho de no repetir lo que pueda resultarle inconveniente. El Capitalismo virtual (y concreto) decidirá, llegado el momento, quién podrá tener una página, quién hacer publicidad, quién cobrarlas, qué impuestos imponer y demás pormenores.
Sin ánimos apocalípticos, y aún desconociendo la forma que adoptará, la Web ocupará un mayor espacio de poder y, fundamentalmente, de control. No en vano las empresas alientan a concretar enormes comunidades donde cada integrante, para ingresar, debe asentar hasta el más mínimo dato personal. Estos datos que se completan como un trámite habitual, van de la mano del ansia por ingresar a una comunidad en busca de amigos: es un acto familiar e inconciente que realizan jóvenes y no tan jóvenes ante la posibilidad de concretar el acto de pertenecer. ¿Engendra esto algún riesgo? La revista Acción, perteneciente al Banco Credicoop de Argentina, informó recientemente que la CIA hizo un salvataje económico, por unos cuantos millones de dólares, a la empresa Facebook. ¿Cuál es el interés de la Central de Inteligencia Americana? La respuesta es sorpresiva, pero no extraña: Facebook es su proveedora y fuente de información para el eventual reclutamiento de agentes. La CIA tiene establecido un perfil modelo de agente y analiza, dentro del gran abanico internacional que ofrece Facebook a través de sus usuarios, a los potenciales servicios que podría sumar a su fuerza.
La misma nota de Acción indica que el ingreso a esta comunidad del ciberespacio es muy sencillo, pero el egreso no se consigue ni con la muerte.
El debate que se puede sostener a partir de esta situación es que nadie que aporte señas particulares desea verse incluido en bases de datos de ningún servicio de inteligencia. Esta treta redunda ya en el paroxismo de la manipulación del poder respecto al manejo de fuentes privadas, fundamentalmente porque se lo realiza a través del engaño.
Lo último: Quizá Internet sea la concreción de muchas premoniciones, no lo sé. Lo que sí es seguro es que el siglo XXI vino sin papelera de reciclaje.

Incipit VII (Cuentos)

Séptima aparición de los comienzos de cuentos, donde el perro siempre plantea alguna intriga.Se encontró solo en la sala de espera y se puso a mirar el diario que había llevado para el brazo. Las manos le temblaban levemente. Sacó un cigarrillo y antes de encenderlo se acarició el ralo bigote cuyo crecimiento había vigilado durante semanas. Nunca había soportado el humo del tabaco y tosió con lágrimas; pero tenía que seguir fumando como un hombre hasta que llegara el momento de levantarse. No podía recordar, para imitarla, cómo era la expresión de un hombre cínico, un hombre maduro y ya de vuelta.
(Ida y vuelta. Juan Carlos Onetti)

Era un violinista tan bueno y tan pobre que, cuando tocaba, los ángeles, con tal de oírlo, bajaban a rascarle la cabeza mientras tenía las dos manos ocupadas en tocar (gran homenaje por parte de ellos pues consideran a este mundo muy sucio).
(El violinista. Santiago Dabove)

El ángel Elzevar está desocupado, lo único que sabe hacer es llevar mensajes pero ya no hay más mensajes que llevar, y entonces el ángel da vueltas revisando en la basura del gran basurero municipal en busca de restos de comida y sobras de fruta: algo tiene que comer.
(El ángel. Juan Rodolfo Wilcock)


Marley estaba muerto; eso para empezar. No cabe la menor duda al respecto. El clérigo, el funcionario, el propietario de la funeraria y el que presidió el duelo habían firmado el acta de su enterramiento. También Scrooge había firmado, y la firma de Scrooge, de reconocida solvencia en el mundo mercantil, tenía valor en cualquier papel donde apareciera. El viejo Morley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
(Cuento de navidad. Charles Dickens)

Paseando al anochecer por una callejuela, hurté un melón. El frutero, que estaba escondido detrás de sus frutas, me atrapó por el brazo: “Señorita, me dijo, hace cuarenta años que espero una ocasión como ésta. Cuarenta años que me la paso escondido detrás de esta pila de naranjas con la esperanza de que alguien me arrebate una fruta. Y le digo por qué: necesito hablar, necesito contar mi historia. Si usted no me escucha, la entregaré a la policía.”
“Le escucho”, dije yo.
(El enamorado. Leonora Carrington)

Un día recibí una carta de Tombuctú. Era Latapy, quien me escribía para darme algunas noticias y anunciarme la llegada de un magnífico sudanés. "Si tú aceptas alojarlo y alimentarlo -me decía- te servirá voluntariamente de doméstico, sin reclamarte sueldo, porque desea una estadía en París".
¡Un doméstico gratis, buen negocio! Esperé al sudanés.
(Mi sudanés. Edouard Osmont)

– ¿Sobre qué conciencia no pesa un crimen? –preguntó el barón d'Ormesan–. Por mi parte, yo no los cuento. He cometido algunos que me produjeron no poco dinero. Y si hoy no soy millonario debo culpar más bien a mis apetitos que a mis escrúpulos.
(Un bello film. Guillaume Apollinaire)

miércoles, 1 de abril de 2009

En las fronteras de Vila-Matas

Jorge Aloy

En estos tiempos que corren, la creación de estéticas nuevas en la literatura parece improbable. Pero basta con acercarse a la obra de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) para creer que es posible, ya que sus libros dan una vuelta más de tuerca a un recurso antiquísimo —la intertextualidad— y hacen explícito lo que todos ejercen de modo subrepticio, para conformar un nuevo modo de encuentro con la literatura.
Bartleby y compañía (2000), junto a Historia abreviada de la literatura portátil (1985), son novelas donde el autor llevó la intertextualidad a extremos insospechados. Vila-Matas no cesa de citar textos y autores, de comparar la vida de sus personajes con personajes de cuentos o novelas, de contestar preguntas con respuestas tomadas textualmente de la literatura. Mas, sus personajes, muchas veces son escritores y pintores, como en Historia abreviada… donde Marcel Duchamp, García Lorca, Scott Fitzgerald, Walter Benjamín, Man Ray, Louis Ferdinand Céline, Francis Picabia y Blaise Cendrars, entre otros, participan en la formación de una sociedad secreta. Reparten un volante con el alfabeto para sordos y unas instrucciones para decodificar un mensaje secreto: Si Hablas Alto Nunca Digas Yo. Por supuesto, si seguimos las mayúsculas nos encontramos con la palabra SHANDY que posee un doble sentido: el supuesto nombre de una bebida alcohólica inglesa y la referencia a Tristam Shandy de Laurence Sterne. La condición para ser un Shandy era poseer una obra portátil que pueda trasladarse en un maletín, tener simpatías por la negritud, funcionar como máquinas solteras, cultivar el arte de la insolencia y no gozar de grandes propósitos en ningún aspecto de la vida.
El inicio de la conspiración Shandy data de 1924 y un año después, en Viena, se realizó una fiesta donde fue invitado, incluso, un jovencísimo Jorge Luis Borges. El detalle curioso de la sociedad secreta es el motivo por el cual no ingresó a ella Marcel Proust. Hizo una pregunta que un Shandy nunca debió hacer.
En Bartleby y compañía, Vila-Matas nos presenta el mundo de un solitario que, tras veinticinco años de la publicación de su novela, decide volver a escribir, pero no ficción sino notas al pie de un texto invisible. Esas notas hablan de los escritores que un día dijeron no y desistieron de escribir. Es una investigación donde se mezclan los hechos apócrifos con los reales. Y éste es el mundo que propone Vila-Matas en su obra, abolir al lector cómodo, incentivar la duda y provocar búsquedas en papeles, libros, páginas de Internet. De este modo, el escritor catalán va profundizando una escritura en las fronteras. Las fronteras de la ficción y el ensayo, por un lado. Y las fronteras de la ficción y lo real, por otro. Siempre entre los personajes de carne y hueso se cruzan personajes que son, sólo, de papel.
Bartleby, por supuesto, es una referencia al escribiente de Herman Melville que ante cualquier solicitud respondía: “preferiría no hacerlo”. Bartleby se negó, de algún modo, a vivir, y el cuento finalmente nos devela el motivo. Con este punto de partida Vila-Mata indaga, entre otros, sobre Juan Rulfo, Rimbaud, Salinger, Enrique Banchs y la pulsión que los llevó a la negación de la escritura, a transformarse en artistas del No en el momento que sus lectores pedían más. ¿Por qué dijeron: “preferiría no hacerlo”? ¿No soportaron el éxito, las presiones editoriales, o se les agotó el germen creador o, simplemente, decidieron vivir antes que imaginar? En 1974, ante la requisitoria, Juan Rulfo justificó su abandono de la literatura: “Pues porque se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias”.
Resumiendo, la estética de Vila-Matas abreva en la literatura misma, desde Don Quijote a Rayuela, y obliga a cada lector a ensayar una rigurosa hermenéutica. Y a pesar de abundar intertextualidad, metatextualidad, citas y alusiones, está muy lejos del ensayo. Hay un hilo invisible demarcando las fronteras.
Las novelas de Vila-Matas rinden culto a la literatura: no conducen a ningún lado. Como la sociedad secreta en Historia abreviada… que compara a sus integrantes con peregrinos medievales que viajaban a Canterbury, Jerusalén o Compostela. A nadie le importaba el viaje, sino contarse historias.

viernes, 20 de marzo de 2009

El buscador de libros

Jorge Aloy

La búsqueda —dicen algunos— tiene como premisa final al encuentro. Sin embargo el buscador no siempre necesita palpar la culminación de un hecho. En ello se inscribe el buscador de libros, una especie en extinción, un animal que recorre las librerías de viejo en busca de algún alimento descatalogado.
Cuánta gente feliz observa uno en las grandes cadenas de libros cuando reciben de manos del vendedor el ejemplar solicitado. Nunca son heridas sus susceptibilidades con un “no, está agotado”. La explicación es ésta: el mercado está amoldado a las necesidades, impuestas o no, de los llamados consumidores. O, peor aún, el consumidor está adaptado al discurso unificador y estandarizado del mercado y no reniega por ello, lo acepta y lo ve como algo normal.
¿Para qué buscamos libros si las librerías están atestadas de papel impreso?
La respuesta debe ser, probablemente, que el mercado sólo ve el valor de cambio del libro. Por lo tanto, en las grandes cadenas abundan los best-seller y los ejemplares de autoayuda, apilados como ladrillos. Y en esa especulación comercial, la literatura va perdiendo terreno.
La industria editorial argentina, desde 1983 —año del retorno a la democracia— hasta la fecha, sufrió un cambio sustancial en cuanto a sus hábitos. Durante ese año, 1983, se publicaron 4.230 títulos. En 1993, una década después, esa cifra casi se duplicó, llegando a 8.215. Y en el año 2003 alcanzó a 14.375 títulos publicados. ¿Qué pasa entonces? ¿Se lee más o es una ilusión?
En la década de 1970 era normal que una edición conste de 5.000 ó 10.000 ejemplares, hoy tan sólo 500. Además se multiplicaron las ediciones pagas por el propio escritor, donde el único que gana dinero es el editor.
Philip Roth dice que en veinte años la lectura será un culto, un hobby minoritario. Y vaticina la muerte del lector. Entonces ser un buscador de libros tiene un significado que no se agota en el hecho en sí, sino que pretende revivir y respetar un pasado más saludable. Ser un buscador de libros tiene que ver con lo que alguna vez dijo Ghandi: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.” Y ahí está el significado: la búsqueda hace que un viejo título no muera, permanezca en la memoria.
Lo último: El hallazgo de un libro produce una emoción sin igual y ambigua. Viene de la mano de algo que muere, de una búsqueda que acaba. Y la única manera de superarlo es con otras exploraciones.

Apéndice VIII del Diccionario del diablo de Ambrose Bierce

Optimismo, s. Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que está mal. Es sostenida con la mayor tenacidad por los más acostumbrados a una suerte adversa. La forma más aceptable de exponerla es con una mueca que simula una sonrisa. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de la refutación. Enfermedad intelectual, no cede a ningún tratamiento, salvo la muerte. Es hereditaria, pero afortunadamente no es contagiosa.

Optimista, s. Partidario de la doctrina de que lo negro es blanco. En cierta oportunidad un pesimista pidió auxilio a Dios. Ah --dijo Dios--, tú quieres que yo te devuelva la esperanza, la alegría.
--No --replicó el pesimista--. Me bastaría si crearas algo que las justificara.
--El mundo ya está todo creado --repuso Dios--, pero te olvidas de algo: la mortalidad del optimista.

Oratoria, s. Conspiración entre el lenguaje y la acción para defraudar al entendimiento. Tiranía atenuada por la taquigrafía.

Ordenado, adj. Sujeto al orden, como un sedicioso colgado de un farol.

Paciencia, s. Forma menor de la desesperación, disfrazada de virtud.

Palacio, s. Residencia bella y costosa, particularmente la de un gran funcionario. La residencia de un alto dignatario de la Iglesia se llama palacio; la del fundador de su religión se llamaba pajar o pesebre. El progreso existe.

Panegírico, s. Elogio de una persona que tiene las ventajas del dinero o del poder; o que ha tenido la deferencia de morirse.

Pantalón, s. Prenda que cubre la parte inferior del adulto civilizado de sexo masculino. Es de forma tubular y no posee goznes en los puntos de flexión. Se supone que fue inventado por un humorista.

Pasaporte, s. Documento que se inflige traidoramente a un ciudadano que sale de su país, denunciándolo como extranjero y exponiéndolo al ultraje y la reprobación.

Paz, s. En política internacional, época de engaño entre dos épocas de lucha.

Peatón, s. Para un automóvil, parte movediza (y audible) del camino.

Pedigré, s. Parte conocida del camino que conduce de un antepasado arbóreo con una vejiga natatoria, a un descendiente urbano con un cigarrillo.

Perogrullada, s. Elemento fundamental y gloria insigne de la literatura popular. Un pensamiento que ronca en palabras que humean. Sabiduría de un millón de necios en boca de un tonto. Sentimiento fósil en roca artificial. Moraleja sin fábula. Todo lo que es mortal de una verdad fenecida. Pocillo de moralina y leche. Rabadilla de un pavo real desplumado. Medusa que se marchita al borde del mar del pensamiento.Cacareo que sobrevive al huevo. Epigrama desecado.