martes, 27 de mayo de 2008

Las últimas palabras

Jorge Aloy

¿Quién no recuerda las últimas palabras del sargento Cabral que tantas veces repitieron nuestras maestras? “Muero contento, hemos batido al enemigo”. Es muy difícil dar fe de ellas, pero no importa. Lo valedero es el mito, el acrecentamiento de la figura del héroe. Es más difícil intentar la búsqueda de la verdad. Ni lo intentaremos.
Franz Kafka dijo a su médico antes de morir: “Máteme, sino usted es asesino”. Peor destino tuvieron las últimas palabras de Albert Einstein. Nadie las sabe, se las dijo a una enfermera que no entendía el alemán. Walt Whitman, el poeta tan afamado fue lacónico, sólo dijo: “Mierda”.
Simón Bolívar después de tantas frustraciones en América Latina, murió en una hamaca diciendo: “He arado en el mar”. El revolucionario Pancho Villa agonizando después de caer víctima de un atentado le dijo a un periodista: “Escriba usted que he dicho algo”.
En Paris, 1793, María Antonieta fue guillotinada. En los preparativos pisó descuidadamente a su verdugo. Éste no tuvo más remedio que escuchar sus últimas palabras: “Disculpe usted”. Quizá más consustanciada con su suerte, Ana Bolena, ante su verdugo dijo: “No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino”.
El gran escritor Antón Chejov en el momento cúlmine fue breve como sus relatos, dijo: “Me muero”. En cambio, Honoré de Balzac, en el delirio de la agonía se quejó: “Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo de escribir un libro!”. Lewis Carroll, el escritor que todos recordamos por Alicia en el país de las maravillas, le protestó a su enfermera: “Quíteme esa almohada. Ya no la necesito”.
El actor Humphrey Bogart hizo una autocrítica antes de morir: “Nunca debí cambiarme del whisky a los martinis”.
El mito que las últimas palabras crea se auto alimenta en el deseo general de que la muerte no sea tan sorpresiva u oprobiosa, o incluso en la posibilidad de tener un último momento de lucidez plena. Estoy seguro que llegada la ocasión, lo olvidaremos, pues estaremos abocados en morir, sin ánimos de defraudar a la muerte misma.
Lo último: Karl Marx, casi sin fuerzas, fue consultado por Friedrich Engels sobre si le quedaba algún mensaje para dar a la posteridad. Marx, indignado, le dijo: “¡Fuera, desaparece de mi vista! ¡Las últimas palabras son cosa de tontos que no han dicho lo suficiente mientras vivían!”.

1 comentario:

  1. Me lo empiezo a leer de cero al blog.

    Yo recuerdo dos: la de Groucho Marx, pero creo que la tenía en la tumba "Sra. disculpe si no me levanto" y siguiendo con la línea que cuenta la nota, la de TERMINATOR: "hasta la vista baby"

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