martes, 1 de enero de 2013

La mala suerte de Daniel Moyano y su timbal de oro (Parte II y última)

Carlos Mamonde

Este mes pasado se han cumplido 20 años de la muerte de Daniel, en la tristeza del exilio. Y es más que justo y reparador (y no sólo para él) que hablemos un poco de su herencia estética. Y volvamos a leerlo.
Por eso llegó a alegrarnos tanto que en Córdoba (con el apoyo del Centro de Investigación de Poitiers), en el entorno de su universidad, se fuera gestando, y al final publicando, la primera –esperemos que no la última- edición crítica de una novela suya. Tres golpes de timbal, en este caso. Obra que recién se está distribuyendo en estas semanas.
Varios cordobeses han trabajado críticamente en este proyecto y un par de riojanos -tal el caso de la laboriosa cronología trabajada por David Gabriel Gatica- . Y muy especialmente  Virginia Gil Amate,  Profesora Titular de la Cátedra de Filología Española de la Universidad de Oviedo y, a juicio de toda la crítica, la mayor especialista  actual sobre los textos moyanianos, junto con Rita Gnutzman,  catedrática de la Universidad del País Vasco, Ángeles Prieto Barba, escritora gaditana… o Sara Malvicini de Bonnardel, quien fuera catedrática en Francia; por citar los más conocidos.
Desde mi modesta opinión, creo que quien debió dirigir esta investigación –por su propia gravitación- es la doctora Gil Amate. Pero lo hizo el profesor Marcelo Casarín; con exiguo resultado, a mi respetuoso entender. Nuevo traspié de “la mala suerte” de Daniel. O desacertada elección de quienes aprobaron esta  propuesta de edición; dejándola en manos de este docente.
Muchas veces ocurre que un proyecto monumental se frustra porque no se eligen bien los gestores. Y creo que es lo que ha pasado en este caso. Y ello a pesar de que Casarín pasa por ser un buen gestor cultural. Pero se nota su debilidad crítica en la organización de la investigación, en la pobreza de su “Introducción”, muy menguada de ideas nuevas sobre los textos de Moyano; y es la repetición cansina, viejuna,  de ya muy conocidas tesis. Destaca sí, casi en solitario, el estudio del cordobés Rogelio Demarchi. Pero sobre todo hay –por parte de Casarín- un confuso aprovechamiento de los archivos manuscritos de Moyano; donde él vagabundeó sólo con la brújula de su arbitrio. No se han publicado fragmentos y textos preliminares importantes…y si se han publicado –caprichosamente-  cartas privadas, ¡recibos de pagos de ediciones¡ correspondencia privada de Moyano con algún editor (no sobre temas literarios sino de acuerdo comercial ¿qué pertinencia tiene esto?) y viejas entrevistas ya desechadas (con total desconocimiento de sus autores, que debieron autorizar o desautorizar su eventual inclusión; tal el caso de textos propiedad de doctora Gil Amate, traicionada en su buena fe por el Coordinador, que no ha respetado ni su deseo de privacidad ni el gran prestigio de esta investigadora. Algo inaudito. Lo menciono porque conozco este tema por referencia directa de la afectada…y tengo su acuerdo para citar este extremo).
En este libro, aunque no es un trabajo crítico, destaca hermosamente  el emocionado homenaje que escribe un gran poeta como Leopoldo Castilla. Suya es la frase que designa a esta novela como “un timbal de oro”. Lo mismo que el texto del cuentista cordobés Norberto Luis Romero; hoy residente en las Baleares y persona muy apreciada por Daniel.
Entre otras muchas visiones sobre Moyano, que se echan en falta, destaca poderosamente  la ausencia de las investigaciones de la  doctora Emilia Deffis, de la Universidad canadiense de Laval, quien recientemente ha publicado un esclarecedor –e inexcusable- estudio sobre las circunstancias y compromisos políticos de la vida y obra de escritores como Moyano, Haroldo Conti y Antonio Di Benedetto. Aquí, una vez, más se nos presenta a un Moyano “evanescente” no comprometido y que pareciera que vivió en una especie de nube naif. Nada más lejos de la realidad.
Y, ya anecdóticamente, aún en La Rioja…y en este aniversario, un excelente trabajo teatral sobre textos de Moyano, “Unos duraznos blancos y muy dulces”, ha chocado con intereses de un gestor cultural local que ha despreciado este trabajo de creación. Nos viene la tentación de exclamar: “Dios nos libre de los gestores culturales…ya sean de la universidad o de la política!. Y estoy ya por creer en la “mala suerte”, medio en broma, medio en serio.
Escribo en Madrid estas líneas, tras la lectura atenta  del ejemplar que me ha enviado generosamente Virginia. Y comienzo a trabajar en un ensayo sobre este libro (Tres golpes de timbal, edición crítica Colección Archivos CRLA, 2012)…que espero poder terminar en los próximos meses.

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