
El mismo Allen
entiende que su tesis es inmoral. Porque la vida es inmoral. Amoral.
Y Daniel ha sido
también –posiblemente- el ser humano más lleno de talento que yo he conocido
como amigo (y por su intermedio, que no
por mis “méritos”, he conocido una veintena de otros grandes escritores que
admiraban unánimes y profundamente la
obra de Moyano: Cortázar, Rulfo, Onetti, Tizón, Di Benedetto, Conti, Carlos
Fuentes, Bioy, Herbert Francis, Sábato…y así, una pléyade. Con esta gente he mantenido amistades
literarias; lo que me ha alegrado y enriquecido, pero no he sido amigo íntimo,
como es el caso de Daniel…o lo he sido,
pero no hasta ese sumo grado). Pero pese a ese talento de Moyano, a su
tenaz y lúcido trabajo de toda una vida, intentando salir del dolor de su
biografía infantil y juvenil para crearse a sí mismo como un hombre
extraordinario y escritor relevante…crearse a sí mismo…encontrar un padre, en
el sentido nietzschiano (escribió el de Sils María que “(…) quien no tiene un buen padre, debe inventarse uno”; al menos
simbólico e imaginario). Y esto es muy serio, porque creando el padre –o
“deconstruyendo” al padre, como su admirado Kafka- uno se resucita desde la
miseria de las familias de origen, de los malos amigos, de las malas patrias…de
toda la ”mishiadura” de que habla el tango y más…para volverse un hombre
bueno…hasta poder generar y merecer a los buenos amigos (Daniel tenía legión) y
más aún a la luminosa familia personal que Daniel creó, en La Rioja o en España…para
permitirle incluso que la bondadosa Blanca, su querida hermana, renaciese con
él…y toda esa familia cordobesa tan valiosa de sus sobrinos de Cosquín. Creo
que él nunca tuvo más parientes amados que toda esta maravillosa gente que
recuerdo…además de que fue pétreamente histórico lo así ocurrido (la Muerte no es
literatura)…porque Blanca y él se quedaron huérfanos de una orfandad
aterradora, cuando su padre cortó –con
filo mellado- todos los nudos que atan el alma ¿existe el alma? a la bondad eventual de la vida ¿existe la
bondad?...hiriendo, ensangrentando, el cuello más amado.

En este laberinto, Córdoba –duro es decirlo-
fue (valga la expresión) una mala madrastra porque nunca lo reconoció como
suyo, lo ninguneó bastante. Excepción hecha de algunos -muy escaso número- de
artistas amigos que tanto lo pusieron en valor, como Sosa López, Larrea, José
Alberto Santiago, Juan Croce, Dalmacio Rojas, Ramón Romilio Ribeiro, Quique
Revol…
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