
Mausoleo, s. La última y más divertida locura de los ricos.
Maza, s. Bastón que en la función pública denota autoridad. Su forma, que es la de un pesado garrote, indica su propósito primitivo, que era calmar a los disidentes.
Mendigar, v. t. Pedir algo con intensidad proporcional a la creencia de que no será otorgado.
Mendigo, s. El que ha confiado en la ayuda de los amigos.
Mente, s. Misteriosa forma de la materia segregada por el cerebro. Su principal actividad parece consistir en el esfuerzo por determinar su propia naturaleza, tentativa que parece fútil, puesto que la mente, para conocerse, no dispone de otra cosa que sí misma.
Metralla, s. Argumento que el futuro prepara en respuesta a las demandas del socialismo americano.
Metrópoli, s. Baluarte del provincialismo.
Milagro, s. Acontecimiento inexplicable y extraño al orden natural, como ganar con un póker de ases y un rey contra un póker de reyes y un as.
Ministro, s. Agente de un poder superior con una responsabilidad inferior. En diplomacia, funcionario enviado a un país extranjero como encarnación visible de la hostilidad de su soberano por ese país. El principal requisito para ser ministro es un grado de plausibilidad en la mentira apenas inferior al de un embajador.
Mío, adj. Lo que me pertenece, siempre que pueda apropiármelo.
Mitología, s. Conjunto de creencias de un pueblo primitivo relativas a su origen, héroes y dioses, por oposición a la historia verdadera, que inventa más tarde.
Moda, s. Déspota a quien los sabios ridiculizan y obedecen.