miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Folletín televisivo?

Irene Farias

El folletín nació a mediados del siglo XIX con la aparición de una novela de Eugène Sue titulada Los misterios de París que se publicaba por entregas en un diario parisino. Su éxito fue muy grande
. Se había creado una estrategia de lectura cuyo rasgo principal era la brevedad de un argumento que generaba intrigas y sembraba un misterio que sería develado en la siguiente edición.
El género fue bastante discutido por los críticos literarios. Algunos lo consideraron menor debido a su estructura y a sus personajes y temáticas sensibleros. Otros, en cambio, le reconocieron la virtud de captar la atención de un lector que se identificaba con sus protagonistas.
De esta manera, la novela en “dosis” trajo grandes ventajas al mundo editorial: los diarios ganaron muchos adeptos puesto que los lectores de prensa se convirtieron en lectores de literatura y viceversa. A mayor cantidad de público, mayores dividendos logrados. De este modo, el género se convirtió en una herramienta para aumentar la venta de los periódicos y también para dar a conocer a nuevos escritores.
En nuestro país, en el medio televisivo, se está dando un fenómeno que comparte algunas características de las nombradas. Todas las noches, una gran masa de audiencia asiste a un espectáculo cuyos protagonistas generan situaciones de enredos, “dimes y diretes”, agresiones verbales, y dejan sin resolver cuestiones de enfrentamientos personales cuyo desenlace quizá suceda a la noche siguiente, en la próxima edición del programa. Al igual que la novela en entregas, si bien no deja instalada una intriga o crea una instancia de suspenso, sí, crea expectativas que invitan (o “enganchan”) al telespectador a volver a presenciar el espectáculo el que de manera cíclica volverá a repetir la misma fórmula-estímulo a un público que seguirá respondiendo de la misma manera, en actitud recurrente.
Así como el folletín generó atractivas ganancias a las editoriales de prensa en su época de surgimiento, este tipo de formato audiovisual también genera incalculables dividendos a las empresas que lo ponen al aire. El folletín promovió a escritores desconocidos; el actual formato permite sacar del anonimato a figuras de escasa o pobre trayectoria. El suspenso que generaba el primero circulaba en el “boca a boca” de los lectores, fomentaba su avidez por conseguir una siguiente edición, y su contenido ficcional se perpetuaba en la esfera de la literatura; el segundo, como estrategia para abarcar mayor audiencia, se difunde y circula en múltiples emisiones de muchos otros programas que lo repiten de manera especular. Pero no logra perpetuarse: su existencia es fugaz y efímera, sólo dura hasta la siguiente emisión y su único anclaje es el olvido.

2 comentarios:

  1. Irene:
    Muy interesante el paralelo del folletín con Fort-Tinelli.
    Y más aún esa vuelta que le encontraste en que su objetivo no es permanecer sino lograr el olvido.
    Es una técnica similar a la que usan los magos y los que cuentan chistes: que el olvido permita repetirlos y que nos enganchen y diviertan de nuevo.
    Ve viene a la cabeza algo similar relacionado con el diseño de los "shoppings" o de las casas de entretenimiento en La Vegas: están hechos para que estés atrapado en el laberinto y no encuentres la salida, no sepas si es de noche o de día y pierdas todo contacto con la realidad... para que puedas seguir comprando y jugando hasta que se acaben los últimos morlacos...
    Gracias por el Folletín Televisivo. Un golazo.

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  2. Anónimo10:35

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